Oraciones

Oración del Beato Juan Duarte (Para la devoción privada)

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¡Oh Jesús amabilísimo! que dijiste: “A quién me confesara en la tierra delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre Celestial”.

Glorifica al Beato Juan Duarte, Diácono y Mártir que no se avergonzó de confesar tu Santo Nombre en medio de los mayores tormentos, concediéndome, por sus méritos e intercesión, la gracia que vengo a solicitar de tu infinita bondad.

Y que todo sea para honra y gloria de la Santísima Trinidad y extensión de tu reinado en la tierra. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Apuntes espirituales de meditación y lectura espiritual

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En 2016 llegó a manos del juez de la Causa de los Santos y superior del Seminario de Málaga, Antonio Eloy Madueño, un pequeño librito titulado ‘Apuntes espirituales de meditación y lectura espiritual’. Se trata de un cuaderno de apuntes escrito de puño y letra por el beato Juan Duarte durante su época de seminarista. Fallecido el beato, esta libreta pasó a manos de su hermano José Duarte Martín, que la conservó como un recuerdo familiar durante toda su vida, debido al amor que sentía por su hermano. Antes de morir, se lo dio a su hijo Juan Duarte, que llevaba el mismo nombre que su tío. Y este lo conservó igualmente como un recuerdo familiar hasta que por mediación de un conocido se lo hicieron llegar a Madueño.

Entre las 28 páginas de este cuadernillo manuscrito por Juan Duarte se pueden leer sus meditaciones, como: «No porque caigamos en faltas nos echemos atrás, diciendo que nosotros no podemos salvarnos, pero el Señor se complace y nos perdona por muchas veces que caigamos».

Juan Duarte Martín fue beatificado el 28 de octubre de 2007 en Roma. Nacido en Yunquera en marzo de 1912, ingresó en el Seminario cuando contaba con 13 años, donde destacó como seminarista ejemplar, inteligente, estudioso, alegre y sencillo. Fue ordenado diácono en la Catedral de Málaga y, un año después, en 1936 fue detenido en su pueblo natal junto a otros dos compañeros seminaristas. Tras una larga semana de sufrimientos y penalidades, murió en Álora, el 15 de noviembre de 1936. Sus últimas palabras fueron: «Yo os perdono y pido que Dios os perdone… ¡Viva Cristo Rey! ¡Ya lo estoy viendo… ya lo estoy viendo!». Tenía 24 años.

El superior del Seminario de Málaga explica que le dio «mucha alegría poder recibir el testimonio de su experiencia de formación espiritual en sus tiempos de seminario. Son apuntes sencillos pero que contienen el fundamento de su vida espiritual. En el escrito se perciben las inquietudes por llevar a Jesucristo a la gente, especialmente a los niños y el deseo de ser un sacerdote santo, algo muy necesario en los tiempos que vivimos».

Además, afirma Madueño «como juez de la Causa de los Santos es un documento que viene a corroborar la semilla de santidad que había en el beato Juan Duarte. Y como formador del Seminario, es también un testimonio de la enseñanza que recibió en esta casa y que le fue forjando como un buen discípulo capaz de dar la vida por Cristo y por la Iglesia».

Carmen Duarte, la hermana del beato, carmelita descalza de Ronda, conservaba vivos los recuerdos sobre su hermano a pesar de su edad: «Juan era muy bueno, sólo venía a casa en el tiempo de vacaciones, no perdía ocasión de estar en «su seminario». Cuando estaba en el pueblo, daba catequesis a los niños y los tenía locos de contentos porque les cantaba, jugaba con ellos… Cuando las cosas se pusieron más feas, y en 1931 echaron a los seminaristas del Seminario, mi hermano llegó con los pies hinchados de tanto andar por los montes desde la capital. Recuerdo que mi padre salió en su busca, y ya en Pizarra lo encontró. Después de aquello le dijo: «Juan, quédate, no vayas, que a ver dónde para esto», pero él no consintió y dijo «yo me voy a mi Seminario». No vivía para otra cosa más que para el Seminario. Moría por él. Cuando se lo llevaron yo estaba en casa de una bordadora, haciéndole un alba para cuando se ordenara. Cuando llegué a mi casa, él ya no estaba, y mi madre lloraba y lloraba. Al principio no quería ni ver a los que lo martirizaron, pero si él perdonó, yo también».

Su beatificación

Pero si hay una persona que tuvo mucho que ver en su beatificación, fue el sacerdote Pedro Sánchez Trujillo, natural de Álora, (localidad en la que asesinaron a Duarte), párroco de la Sagrada Familia, de la capital durante 40 años y delegado de la Causa de los Santos de la Diócesis de Málaga, departamento encargado de asesorar y orientar las demandas de las causas de beatificación y canonización de los mártires del siglo XX.

Tanto Juan Pablo II y como su sucesor Benedicto XVI animaron a las diócesis españolas a que rescatasen del olvido a los numerosos mártires que la terrible persecución contra la Iglesia Católica había producido durante la II República. Luis Fernando García-Mauriño Martínez recordaba tras el fallecimiento de Sánchez Trujillo que este solía decir: «Nuestros mártires murieron perdonando y nosotros los hemos dejado morir en la memoria colectiva, olvidándolos».

Oración

La canción que se cantaba en el Seminario en la posguerra con letra de José Mª Campos Giles

“Señor, aquí estoy,
grano de trigo soy,
segado y trillado en tus eras.

Señor, cuando quieras me puedes moler,
que yo quiero ser
polvillo de harina
que forme tus hostias de amor.

¡No tardes si quieres, Señor!
¡Oh mi Dios, molinero!
Echa a andar tu molino harinero
y muele la harina,
que quiere ser hostia de amor.

Señor, ¡que te espero!
Empuja la rueda, dolor.

Señor, Señor,
aquí estoy.

Señor, aquí estoy,
aquí estoy”.